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Velia Vidal
Puntos de vista

De víctimas a culpables

Las vitrinas y estantes de los supermercados se fueron quedando vacíos, a los hospitales se les agotaron los insumos para atender pacientes, se acabó la gasolina y con ello la posibilidad de transportar enfermos en las ambulancias. Parece el inicio de un cuento de horror, pero este fue el panorama de Quibdó, Istmina y Tadó durante los primeros diez días de octubre.

Las dos carreteras que comunican al Chocó con el centro del país, por el Eje Cafetero y por Antioquia, estaban bloqueadas por legítimas protestas de algunas comunidades indígenas. Varios comerciantes decidieron, como respuesta a los bloqueos, cerrar sus negocios con lo que tenían disponible y convocar una protesta contra quienes protestaban en las carreteras.

Aunque algunas personas escribieron en las redes sociales, este asunto no fue noticia nacional y las autoridades se tardaron bastante en mediar para encontrar una salida. Como en una secuencia de hechos absurdos, el día que se levantaron los bloqueos de los pueblos originarios, entraron en paro los camioneros, y en cuanto estos decidieron volver a las actividades hubo un derrumbe en la vía Quibdó-Medellín, que retrasó unas horas más la normalización de la circulación. El viernes catorce de octubre en la mañana se restableció efectivamente el servicio en las carreteras, pero era el inicio de un puente festivo, de modo que solo hasta el martes dieciocho empezaron a llegar muchos de los productos que escasearon. Al día siguiente fue noticia nacional la protesta de algunos miembros de una comunidad embera del Alto Andágueda que sigue asilada en Bogotá, que terminó en disturbios y graves agresiones. Y el jueves veinte se registró la toma de la alcaldía de El Dovio, Valle del Cauca, por parte de una comunidad embera chamí que habita en los límites de este departamento con el Chocó.

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