
Sin duda, el gobierno está sintiendo una presión política que va en aumento. Las encuestas muestran un rápido detrimento de la popularidad del presidente Gustavo Petro. Según Invamer su favorabilidad cayó diez puntos y su negativo se dobló. No es un deterioro menor para llevar tan poco tiempo en el poder. Algo que para personalidades caudillistas como la de Petro no debe ser un agravio menor.
Si se mira el historial discursivo del presidente Petro y se escudriña su cuenta de Twitter se ve un incremento significativo de los señalamientos a “los medios”. Igual ocurre con los principales alfiles legislativos y políticos del petrismo. Las bodegas petristas están dedicadas a atacar medios, analistas o periodistas disidentes. En la medida en que las inherentes dificultades que conlleva gobernar se vuelven palpables y la ilusión de la omnipotencia se desvanece, el caudillo necesita culpables.
El primer “culpable” que viene señalando Petro son las instituciones, la Ley y la Constitución (ver CAMBIO, “La democracia como estorbo”, 09/11/2022). En su visión las instituciones fueron concebidas para proteger los intereses creados, preservar el poder de las élites e impedir el cambio. Pasa por alto que el M-19, guerrilla a la que perteneció, participó de manera activa en la construcción de la carta magna más popular de las que ha tenido el país. Quizás porque reconoce esa popularidad de la Constitución de 1991 ha cambiado de flanco. Ahora ha decretado como enemigo la prensa, los medios e incluso los canales de expresión digital.
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