
José Antonio Ocampo es un hombre respetuoso y de tono sereno. Tiene la pausa y la “cancha” que no tiene la mayoría del gabinete. Eso era un valor para un gobierno que llegaba con el ímpetu de tumbar la puerta del neoliberalismo para cambiar a Colombia. Ha sido el enlace con los rivales y los sectores que descreen del gobierno.
En la tributaria es cierto que se reunió con políticos y voceros de muchos sectores para tejerla y negociarla. Eso habla bien de alguien que ha pasado por los cargos más importantes del Estado en su área y sabía en qué toro se montaba. Semejante trayectoria y los galones que tiene dentro del gobierno, nos sugieren que sus declaraciones e ideas vienen más del cálculo que de impulsos adolescentes. Así quisiera leerlo.
Por eso viene bien analizar al Ocampo de los últimos días. Se aprobó la reforma tributaria, se anotó un gran éxito político y acto seguido sacó los colmillos. El viernes en entrevista con Caracol TV acusó a empresarios de generar “pánico económico” y sostuvo que deben parar de enviar malas señales. The Wall Street Journal, el diario financiero más importante del mundo, reflejó delcaraciones hostiles de Ocampo en la misma dirección y el domingo en entrevista con El Espectador, no solo fue en la misma línea sino que dobló la apuesta: que el pánico creado por sectores de la oposición y el sector privado es, en parte, responsable del comportamiento del dólar y las tasas de interés.
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