
El recinto estaba casi vacío, los espectadores de esa hora en la que Quibdó arde bajo el sol sin disminuir su humedad, no llegábamos a ocupar ni una quinta parte de la capacidad de la sala. En todo caso las familias que había me permitieron la dicha de la presencia infantil y sus comentarios: ¿Y esos azules quiénes son? ¿Cómo es que se llama papá? ¿Namor? ¿Y el por qué se llama así? Efectivamente, estábamos viendo Black Panther: Wakanda Forever. Una película de la que, a decir verdad, me quedo con el bello tributo a Chadwick Boseman.
No pretendo entrar en valoraciones técnicas en las que no soy experta ni me voy a referir a la representación afro, de lo que ya bastante se ha hablado, incluso, hasta alcanzar un consenso sobre su importancia que, en esta versión, además, incluye lo indígena.
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