
En los medios abundan los análisis sobre los cien días del gobierno. Hay de todo, desde feroces diatribas diciendo que el país colapsó hasta odas que entonan himnos reverenciales a Gustavo Petro. Entre esa multiplicidad de balances se destaca por su ausencia el que quizás puede ser el más importante de todos para el futuro de la democracia. Me refiero al balance de las acciones, logros y fracasos de la oposición.
La oposición arrancó mal. La mayoría de los partidos terminaron siendo parte de la coalición de gobierno. No deja de sorprender la manera irreflexiva y tumultuosa en que partidos como La U, el Conservador y el Liberal terminaron en las toldas del petrismo. Para todos es claro que esa coalición se cuadró a punta de cuotas ministeriales y burocráticas. Y en las votaciones en el Congreso ha quedado confirmado que la ideología y los programas les importan un pito. Estos cien días dejaron en claro que la oposición no ha llegado ni vendrá del lado de los partidos tradicionales. No se le ve tampoco buena perspectiva a que en el inmediato futuro estos partidos jueguen un papel relevante de contrapeso político o electoral al gobierno.
El mensaje de Petro a su alianza, el Pacto Histórico, es que hay que convertirse en un partido único sobre el que todos deben converger. Y se han propuesto hacer esto antes de las elecciones regionales y municipales del año próximo. Sobre ese centro gravitarán los miembros de otros partidos que preferirán estar del lado del que tiene la plata. De ser así, en vez de que esas elecciones regionales y municipales sean un escenario para desplegar una oposición más eficaz se pueden convertir, más bien, en un plebiscito en favor del gobierno.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios














