
Mientras varias mujeres se reunían para protestar por el abuso sexual a una menor de edad en TransMilenio, otra joven de 18 años era violentada de la misma forma en ese sistema de transporte masivo. Ambas estuvieron desprotegidas y fueron revictimizadas.
Paradójicamente, al siguiente día de la denuncia que valientemente publicó Hilary Castro en sus redes sociales –de no ser así no le habrían prestado atención–, la alcaldesa Claudia López, que en ese momento desconocía el caso, presentaba una rendición de cuentas en la que exaltaba la eficacia del Distrito atendiendo a las víctimas de violencias basadas en género: “Bogotá es también ejemplo en materia de atención a las víctimas de violencia sexual, de violencia intrafamiliar, la línea púrpura, las casas de justicia, todos los servicios de nuestra Secretaría Distrital de la Mujer, de las 12 manzanas del cuidado que están para cuidar a las mujeres de Bogotá”.
Sin embargo, la Bogotá Cuidadora de la alcaldesa no pudo proteger a Hilary que, a sus 17 años, fue amenazada por un desconocido en una estación de TransMilenio, obligándola a practicarle sexo oral. En el lugar no había policía, pese a que, en el último informe de Seguridad y Convivencia, los delitos en este sistema de transporte hayan aumentado hasta en un 296 por ciento (hurto a personas) y un 100 por ciento (delitos sexuales en estaciones).
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