
De las tres consultas que se votarán el próximo domingo, la única predecible es la del Pacto Histórico. A nadie le cabe duda de que Gustavo Petro –el pez más grande del estanque más pequeño– va a ser elegido, por abrumadora mayoría, como el candidato de la izquierda a la Presidencia de la República. Sin embargo, el resultado de esa carrera es mucho más que una pelea de toche con guayaba madura. Es la oportunidad de Petro de dar un golpe de autoridad y de mostrarse por primera vez ante los electores como imposible de derrotar.
Hasta ahora, los augurios para el candidato de Colombia Humana son buenos. A donde va, Petro llena plazas y en las últimas encuestas triplica en intención de voto a Sergio Fajardo, el segundo candidato en el partidor. Ahora llegó el momento de traducir el entusiasmo en votos. Si los jóvenes –que son el principal motor del Pacto Histórico– van masivamente a las urnas, la consulta de Petro será la más votada y podría superar los 6 millones de votos que alcanzó la consulta de Iván Duque en 2018. Si eso sucede, los candidatos del centro y de la derecha se verán pequeños, minúsculos, y difícilmente se podrán recuperar. “Game over”.
Si, por el contrario, el Pacto no tiene –por varios millones de votos– la consulta más votada, el ímpetu se perderá y Petro se verá derrotable. Por esa grieta se podría colar más de un candidato que logre seducir al centro y llevarse los votos de la derecha, que con gusto apoyará a cualquiera que pueda evitar un gobierno de Petro. En la medida en que la abstención crezca, disminuirá la votación de la consulta de la izquierda, en beneficio del Equipo por Colombia, la alianza de la derecha en la que participan las estructuras políticas más robustas del país.
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