
Es nuestro futuro el que está en juego y llegó la hora de que las ideas y no las peleas protagonicen los debates.
Por: Paola Herrera
¿Por quién votar? Es lo que le he preguntado en los últimos días a familiares, amigos, conocidos, a gente en la calle, he recogido varias percepciones y todas las respuestas apelan a la emoción. Hasta ahora, nadie me dice que votará por “x” o “y” candidato porque le gustan sus propuestas. Creo que ni saben cuáles son.
La campaña a la presidencia de Colombia para el periodo 2022-2026 se volvió un juego sucio en el que ya no interesa promover a alguien por lo que quiere hacer y, por el contrario, el objetivo ahora es ganar cada día esas pequeñas batallas de desprestigio al contradictor.
Eso ha hecho que los seguidores incluso endiosen a su candidato, le crean ciegamente. El delirio ya está en niveles insuperables, estamos protagonizando una historia de adoración, casi como una religión, en la que, lastimosamente, ya poco o nada importan los programas de Gobierno que proponen y las ideas para transformar y mejorar las cosas en este país.
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