Ir al contenido principal
Johana Fuentes
Puntos de vista

No más pañitos de agua tibia

Hace algunos días una masacre hizo que los reflectores apuntaran hacia Quibdó, una ciudad donde el miedo y la zozobra reinan, mientras sus habitantes lanzan gritos de auxilio que pocas veces son escuchados. Conocimos que en este año han asesinado a más de 80 personas, la mayoría menores de 30 años, y que después de las cinco de la tarde no se puede salir por temor a no regresar, a morir en un callejón. Hoy ya nadie habla de ello. En Colombia, así de rápido como nos indignamos, olvidamos, pero a los jóvenes los siguen matando.

En su momento, el Ministerio de Defensa “prendió las alarmas”: se hizo un consejo de seguridad y se anunció la implementación de un plan de intervención en la ciudad. También hubo lavada de manos, el ministro del Interior, Daniel Palacios, dijo que los asesinatos en Quibdó no son culpa del Gobierno, ya sabemos que nada de lo que pase en el país es culpa del presidente –que seguramente sigue en modo aprendiz y casi siempre pone el espejo retrovisor– y sus ministros.

“Hace dos semanas apareció un muerto dentro de una bolsa en el malecón a las 4:30 de la tarde frente a todo el mundo. ¿Cómo es posible que a nadie le importe?”, me pregunta Darwin Lozano, uno de los jóvenes que hace parte de la Veeduría por la Transparencia del Chocó. Lamentablemente, en un país en el que la violencia es el pan de cada día, los muertos pasan a ser cifras que hacen parte de una estadística.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales