
La misión más compleja que tiene hoy en día la izquierda colombiana es hacerle campaña a Gustavo Petro mientras él no se deja.
Por: Alejandro Villanueva
Petro es quien más daño le hace a su candidatura y a la esperanza de un cambio real para el país. Absolutamente convencido de que no va a perder ni uno de los votos que ya ha ganado por sentirse el único capaz de derrotar al uribismo, ha venido cometiendo error tras error y justificándose con una tontería tras otra. Debe estar convencido de que sus votantes, como en el pasaje de Stendhal, le creen menos a lo que ven sus propios ojos y más a las palabras del “líder”. Gustavo está tan convencido que cree bobos a los colombianos.
Ese es el problema de los caudillos, que les dejan de importar muy rápido las ideas y están dispuestos a matarlas o traicionarlas porque, en realidad, no se representan más que a sí mismos y sus objetivos.
Gustavo Petro, así como todos los líderes políticos del país, debería entender que él no es el cambio. Que ninguna persona es el cambio. Que el cambio son las ideas y el sistema de creencias que hacen que muchas personas coincidan en algo. Sin embargo, si el líder que abandera esas ideas se aleja de ellas, ¿qué deberían hacer los ciudadanos? ¿No es su deber salir a cuestionar?
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