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Lucas Pombo
Puntos de vista

Transición pacífica

Sabíamos que esta campaña iba a ser difícil. Respaldada por el Establecimiento, la desgastada derecha se aferra con las uñas al poder. Empoderada por los resultados de las elecciones parlamentarias, la izquierda no está dispuesta a esperar cuatro años más para llegar a la Casa de Nariño. En la mitad del pulso, las barras bravas reciben un claro mensaje: no es aceptable resultado distinto a la victoria. Si no queremos que la situación pase de castaño oscuro, es el momento de hacer un alto en el camino y llegar a un acuerdo sobre lo fundamental: gane quien gane, debe haber una transición tranquila y democrática del poder.

Las señales son aterradoras. La posibilidad de un gobierno de Gustavo Petro ha sacado a la luz la peor faceta de un sector de la sociedad, acostumbrado a tener el poder político. El hueco que ha dejado la falta de propuestas e inspiración de la campaña de Federico Gutiérrez ha intentado ser llenado con ríos de dinero, las maquinarias más poderosas del país y una dosis exagerada de miedo, a la que parece cada vez más inmune la sociedad colombiana.

El discurso del “enemigo petrista” empieza a calar más allá de los escenarios políticos y las redes sociales. Serias amenazas contra la vida del candidato empiezan a impedir su ejercicio político en algunas zonas del país. Además, a raíz de recientes declaraciones del comandante del Ejército, desde los cuarteles militares se empieza a escuchar un murmullo de golpe de Estado, que debería dejarnos a todos con los pelos de punta, empezando por el presidente de la República.

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