
En nuestro país haber pertenecido a la guerrilla es una especie de estado civil.
La palabra guerrillero se utiliza como un denuesto fulminante que invalida la ciudadanía de miles de connacionales que se han acogido a diversos acuerdos de paz desde mediados del siglo pasado. En el marco de ese juicio se olvida la larga tradición de la guerra de guerrillas como estrategia militar universal frente a un ejército considerado invasor en las contiendas de diversos países o en el curso de los conflictos internos como es nuestro caso.
Durante la ocupación de España por las fuerzas napoleónicas entre 1808 y 1814 la población civil de ese país participó activamente en la liberación de su territorio hostigando a los ejércitos invasores franceses desde la inferioridad numérica y apeló al asalto y a la emboscada aprovechando su privilegiado conocimiento del escenario geográfico. Como testimonio artístico indeleble de esa cruenta lucha irregular tenemos el cuadro de Francisco de Goya llamado Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808.
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