
“No pregunten estupideces”, “ustedes parecen petristas”. Así, con esas acusaciones a los periodistas, terminó el pasado viernes 3 de junio la entrevista que el programa Señal de la Mañana, de Señal Colombia, le hacía al candidato a la presidencia de Colombia, Rodolfo Hernández.
Las respuestas del ingeniero a preguntas válidas como por qué quiere fusionar el Ministerio de Cultura con el de Ambiente y otras sobre sus propuestas, fueron cada vez más subidas de tono. Incluso llegó a insinuar que los comunicadores, que solo estaban haciendo su trabajo de preguntar, preferían “defender a unos zánganos que a 22 millones de colombianos que están aguantando hambre”.
Por supuesto, asumir el rol de atacado ayuda a fortalecer la idea de que los periodistas, al hacer esa clase de cuestionamientos, irrespetan al candidato y, lo que es peor, desinforman y tergiversan lo que él dice. Esta columna surge entonces a raíz del comentario que posteriormente hizo Juan Carlos Ramírez, uno de los participantes de la mencionada y accidentada entrevista, quien aseguró “me preocupa que no le podamos preguntar”.
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