
Cuando la inflación va bien nadie habla de ella; cuando val mal no se habla de otra cosa, que es lo que sucede ahora. Las cifras de inflación con las que cerró 2022 (13,2 por ciento) deben preocuparnos: pero no deben llevarnos a tomar medidas desesperadas que terminan siendo contraproducentes.Una primera medida contraproducente sería desactivar la lucha antiinflacionaria del Banco de la República. Los intereses del banco emisor son aún negativos (es decir, son menores a la inflación). Hay que continuar por un tiempo más enfriando la economía. Y esto se logra encareciendo el crédito, que es lo que viene haciendo el banco emisor. Es la principal estrategia que tenemos en pie contra el desbordamiento de los índices de precios. Sería un error mayúsculo desmontar esa estrategia antes de tiempo.
No es muy convincente la descalificación hecha por el presidente de la Andi a la estrategia del emisor. Así lo vienen haciendo por lo demás todos los bancos centrales en el mundo frente a la llamarada de precios que es también universal.
La discusión sobre si la actual inflación es de oferta o de demanda ya está bastante superada: sabemos que es una mezcla de ambos factores. Ha habido shoks de oferta (alza en los precios de la energía, de los fertilizantes, de la comida que importamos, entre otros). Pero hay también factores de demanda que empujan los precios. Para combatir la pandemia se inyectó una gran cantidad de liquidez a la economía, una buena parte a través del canal de la política fiscal, lo que pesa ahora como piedra de molino al cuello a través de una demanda que afecta el comportamiento de los precios. Hay que enfriar la economía en consecuencia. Y eso es lo que buscan las políticas del Banco de la República.
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