
La ministra Irene Vélez, con plena conciencia y dolo, decidió manipular los datos y resultados del informe “Alcance de contratos de hidrocarburos y recursos disponibles para la Transición Energética Justa”, para que sus conclusiones reforzaran su cruzada contra la nueva exploración de gas. El comunicado de Camilo Rincón, saliente director de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, la investigación de Jorge Espinosa en Caracol Radio y la entrevista de la exviceministra Belizza Ruiz en CAMBIO no dejan espacio para los matices.
La artera estrategia llevó al presidente a anunciarle al mundo unas reservas de gas engañosas y mancilló la imagen de una cartera que ha venido siendo gestionada con prolijidad y eficiencia. Los resultados son notables. Lo peor de este dominó de mentiras e intrigas de la ministra es haber tratado de legitimar el alcance del informe con los nombres de técnicos que habían advertido las grietas de ese trabajo. Es decir, usó a otros para ganar ese pulso que sostiene con la parte del gobierno y del país que se opone a su proyecto de un país sin gas y petróleo.
Después de que Espinosa desnudó el vergonzoso informe, la ministra dobló la apuesta y en rueda de prensa sin mayor pudor le mintió al país. Gravísimo. Indefendible. No hay razón para que Irene Vélez siga liderando el sector que genera las mayores exportaciones, inversión extranjera directa y rentas para el Estado. Las señales que la ministra le envía a empresarios son veneno para futuras inversiones: niveles impositivos confiscatorios, incertidumbre, pulsos públicos con ministros y funcionarios y poca transparencia en la entrega de datos.
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