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Velia Vidal
Puntos de vista

Lo común de la delincuencia

He tenido tres años de viajes intensos que agradezco y celebro porque están relacionados con mi trabajo, el que soñé y me apasiona. Hablo de libros, de niños y niñas, maestros del Chocó y Urabá con quienes hacemos promoción de lectura, hablo de nuestra Fiesta de la Lectura y escritura Flecho, hablo sobre racismo, investigo y escribo, eso especialmente, escribo ficción y no ficción, para lectores menores y adultos. Cuando viajas tanto, más de ochenta vuelos en un año, ciertas cosas que antes eran extraordinarias se vuelven comunes, como estar en aviones largas horas. Algunos trámites y procesos se automatizan, no necesitas pensar mucho en ello. Y paulatinamente notas que los pormenores de un trayecto, los pequeños retrasos, entre otros detalles, ya no son tema de conversación ni razón para quejarse. Ya hace parte de tu vida cotidiana. Creo que es una forma de disminuir la tensión o los nervios que, de todos modos, están asociados a tanto movimiento. Convertirlo en algo común, adaptarse, como una forma de protegerse, quizá.

En estos mismos tres años de viajes, tal como he escrito con cifras e historias en esta columna, he visto crecer la violencia en Quibdó hasta niveles asombrosos que jamás imaginamos quienes crecimos en el Chocó. Duele decirlo, pero parece que los humanos nos adaptamos también al horror y las violencias, quizá como una forma de protegernos, o porque no tenemos otro camino. Nos toca seguir viviendo. Por los días de las fiestas de San Pacho me dijo una amiga que vive en Estados Unidos que no sabía cómo la gente estaba bundeando con normalidad, mientras la violencia se comía la ciudad. Le respondí que eso me parecía formidable, que yo celebraba que, a pesar de todo, tuviéramos la chirimía y la música se tomara las calles y la gente saliera por montones a disfrutar. Que después de quitarnos tanto, conserváramos nuestras fiestas como un espacio de encuentro y alegría.

Pero esa naturalización que puede protegernos también permite que la delincuencia común avance ante los ojos de unas autoridades inmóviles o partícipes, hasta niveles que superan lo absurdo.

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