
Víspera de Navidad 2023. No sería grato distraer a los lectores del espíritu navideño con una árida columna de análisis económicos del año que pasó o pronósticos del que viene. En esta época se debería hablar del niño que nació en Belén, de su mensaje de paz y amor, de los regalos debajo del árbol, de los deseos de prosperidad para el año nuevo, de tantas cosas bonitas de estas festividades.
Pero como diría Bertolt Brecht, hay tiempos en que “hablar sobre árboles es casi un crimen, porque supone callar sobre tantas y tantas alevosías”. Porque es imposible pensar en lo que pasó en el portal de Belén hace más de 2.000 años y no recordar que hoy Belén queda en Palestina, región desgarrada este año por las masacres terroristas de Hamás contra pacíficos kibutz, y por los bombardeos genocidas del ejército de Netanyahu contra la franja de Gaza.
Mientras los ángeles celebran el nacimiento del niño Jesús cantando “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”, en esa misma tierra son asesinados cientos, miles de niños: en el sanguinario ataque de Hamás 40 fueron los niños y bebés israelís, y van más de 9.000 chiquillos palestinos asesinados en Gaza en los ataques indiscriminados contra la población civil.
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