
Para cualquier observador desprevenido de la política y de la realidad colombianas es fácil concluir que en este 2023 aplica para el presidente Gustavo Petro el annus horribilis, expresión latina que popularizó la reina Isabel II en noviembre de 1992 al referirse a lo difícil que fue ese año para ella, en el que tuvo que enfrentar desde escándalos familiares hasta el incendio de una de sus residencias oficiales (el Castillo de Windsor).
Para Petro, este fue un año terrible, de infortunio (como se traduce la expresión annus horribilis), no solo porque no le salieron bien muchos de sus planes, sino también por la turbulencia que le provocaron a su gobierno acontecimientos inesperados que no logró gestionar acertadamente.
El Presidente comenzó el 2023 siendo desmentido por el Eln, que el 3 de enero salió a negar que esa guerrilla hiciera parte de los cinco grupos armados ilegales que, según Petro, habían acordado con el Gobierno iniciar el año con un cese bilateral del fuego, que iría hasta de junio.
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