
Han llovido críticas por la derogatoria del decreto que permitía la imposición de multas a consumidores que portaran drogas ilícitas para su uso personal. Lo primero que se dijo, desinformando sobre la medida, es que se había legalizado la comercialización de estas sustancias. No hacía falta sino que los críticos se leyeran el primer artículo del decreto derogado, para saber que esto era falso. Lo derogado, como lo señala el primer parágrafo de ese decreto, son las infracciones al “porte y tenencia de las cantidades de (…) sustancias que las normas vigentes determinan como dosis personal”. La mediocridad, o las ganas de mentir abiertamente para desinformar y crear indignación, les ganó y sigue dificultando que se dé un debate serio sobre el tema.
Fue tal el escándalo que se generó gracias a estas noticias falsas, y a varios titulares imprecisos y tendenciosos de distintos medios de comunicación, que hasta el ministro de Justicia tuvo que salir a explicar el alcance de la derogatoria e insistir en algo obvio: que el narcotráfico sigue estando prohibido y criminalizado por el Código Penal. Lo que se hizo, como ya muchos lo han explicado, fue acabar con la sanción a los consumidores que portaran drogas ilícitas dentro de la dosis personal. La Policía puede, por tanto, seguir persiguiendo a cualquier vendedor o comercializador de sustancias ilícitas en todo el país.
Las críticas no pararon con las mentiras irresponsables sobre los alcances de la derogatoria del decreto. Varios alcaldes electos, expresidentes, periodistas y otras personalidades han venido expresando preocupaciones catastróficas frente a las consecuencias de quitarle a la Policía la capacidad de sancionar a los consumidores. Han dicho, entre otras cosas, que el país se va a inundar de droga (en especial los parques), que se está poniendo en riesgo a los niños y niñas, que se está privilegiando a los jíbaros, narcotraficantes y delincuentes, que los alcaldes se quedaron sin medidas para atacar el microtráfico y que el consumo va a aumentar de manera alarmante.
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