
Un vehículo todo terreno lleno de turistas se desplaza raudo hacia la Alta Guajira por caminos arenosos. Al llegar a una curva, una cuerda sostenida por niños indígenas le hace detenerse. El experimentado conductor aconseja a los turistas darles las galletas achocolatadas que previamente han comprado en Uribia. Uno de los viajeros se asoma por la ventana y conmovido entrega dos galletas a una niña wayuu que sonríe al recibir la esperada golosina. Al pasar esta cuerda a los turistas les esperan seis peajes más con pocos metros de distancia. La escena se repetirá durante las cuatro o seis horas de la travesía y el paquete con confites, bombones y galletas se acabará antes de culminar el viaje. Entonces deberán compartir las pequeñas bolsas o botellas con agua. Con frecuencia algunos de los niños más pequeños se atraviesan de manera imprudente y se acercan con riesgo a las ruedas del automotor que rápidamente reanuda su marcha. Así funcionan los centenares de peajes infantiles wayuu en el norte del territorio guajiro.
Un interrogante extendido surge en los sectores ciudadanos ¿cuál es la naturaleza de estos?, ¿son simplemente puntos de mendicidad infantil?, ¿se trata solo de un juego de niños?, ¿estas cuerdas actúan como alcabalas informales para controlar el cruce de vehículos y personas ajenas al territorio familiar? ¿constituyen estos retenes una respuesta a la crisis de la economía tradicional wayuu que busca articularse a los dividendos del turismo? Lo cierto es que los peajes indígenas son heterogéneos y no todos son operados por niños. Algunos de ellos están situados paralelamente a una vía principal y actúan como una competencia abierta al recaudo del Estado y de las concesionarias privadas. Otros buscan que el viajero se detenga a comprar pescados y camarones secos. Algunos, manejados por adultos, cobran dinero a cada uno de los motociclistas foráneos que como enjambres de langostas atraviesan un resguardo indígena de más de un millón de hectáreas sin que nadie regule su tránsito.
Curiosamente los únicos que no se plantean estos interrogantes son las autoridades de los distintos niveles territoriales. Estos peajes se han multiplicado geométricamente en la última década ante la desidia de todos los entes públicos. Las familias wayuu tradicionales veían como una vergüenza colectiva la mendicidad. Hoy esta práctica se ha ido naturalizando. Ante esto ¿quién responde por los peajes infantiles? ¿El ICBF? ¿Los alcaldes? ¿Las autoridades tradicionales indígenas? ¿Los voceros de este grupo amerindio?
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