
En 2023 he leído menos que en los años anteriores. Pasé más tiempo escribiendo que leyendo. El mejor libro que leí fue V-13, Crónica Judicial, en el que el escritor francés Emmanuel Carrère describe el juicio adelantado contra los yihadistas que el 13 de noviembre de 2015, atentaron en tres puntos de París, ocasionando 130 muertos y 415 heridos. Conmueve el relato de las víctimas. Vidas destrozadas por unos jóvenes nacidos en los guetos de París y Bruselas, en los que se vive al filo de una navaja.
Qué hacer con estos pedazos consolida a Piedad Bonnett como una de las mejores narradoras colombianas del momento. La vida en pareja no es fácil, más cuando hay que lidiar con los arrebatos y las manías del otro. Cuando leí Lo que no tiene nombre —el anterior libro de Piedad— dije a mis amigos lectores: léanlo. Me gusta su prosa porque va directo al grano, sin rodeos. Libros cortos, pero intensos, como es buena parte de la literatura de nuestro tiempo.
En Barcelona asistí a la presentación de Personas Decentes, el último libro del cubano Leonardo Padura, por el que discurren dos historias. Una tiene que ver con un atildado proxeneta que murió tiroteado en las calles de La Habana a principios del siglo pasado. En la otra vuelve a la carga Mario Conde, el controvertido comisario de policía, tras los pasos de un crimen en los que se ven involucradas personas del poder, el arte y la literatura. Mientras Padura firmaba libros le pregunté por Calafell, el pueblo catalán que aparece en Como polvo en el viento. Lo hice por curiosidad, porque tengo un vínculo muy fuerte con ese lugar del Mediterráneo en el que vivió el editor y escritor Carles Barral. Su casa, que reunió en varias ocasiones a los escritores del Boom, es hoy un museo que vale la pena visitar.
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