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Martín Jaramillo Ortega
Puntos de vista

Salah para presidente

Abdel Fatah Al-Sisi fue reelegido esta semana para un tercer mandato como presidente de Egipto. Su victoria era un trámite: las presiones a la oposición y a la prensa habían desencadenado en unas elecciones en las que los rivales de Al-Sisi tenían poquísimo peso electoral y sus expectativas de victoria eran nulas. Esto, sumado a la situación actual en su vecina Gaza, que dio el viraje político necesario para que el temor por una mayor inestabilidad favoreciera al Gobierno que lleva una década en el poder y que tiene a Egipto como un país en el que la inflación amenaza con llegar al 40 por ciento, sumido en la represión y en que dos tercios de la población rozan el umbral de pobreza.

Las elecciones estaban previstas para febrero pero el Gobierno decidió adelantarlas para asegurarse otro sexenio en el poder. La abstención fue –por primera vez‒ menor al 40 por ciento y el presidente doblemente reelegido obtuvo el 90 por ciento de los votos.

Al-Sisi llegó al poder en 2014 luego de bajar a Mohamed Morsi, el primer presidente civil elegido democráticamente, cuyo gobierno duró un poco más de un año debido a las presiones del ejército y al descontento popular por sus inclinaciones islamistas. Cuatro marchas gigantescas terminaron en la deposición del entonces presidente y dejaron en el poder al ahora doblemente reelegido presidente luego de unas elecciones adelantadas.

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