
Por lo que ha ocurrido hasta ahora con el ELN, y al menos por lo que ha sido público en medio del quinto ciclo de diálogos con el Gobierno colombiano en México -que arrancó el 4 de diciembre-, 2023 terminará siendo un año perdido en el intento de paz con esa guerrilla.
Con todo y lo difícil que fue negociar con las Farc, durante el primer año de las conversaciones formales, en 2013, se lograron acuerdos en dos puntos medulares de la agenda: la reforma rural integral, y la manera como se daría la participación en política de la entonces guerrilla, cuando dejara las armas.
Con el ELN, en cambio, el primer año de los diálogos formales con el Gobierno de Gustavo Petro ha sido estéril. Lo peor durante este 2023 ha sido, sin duda, la reiterada violación de ese grupo armado al cese bilateral del fuego y de hostilidades -que arrancó el 3 de agosto y que está planeado hasta el 29 de enero del 2024-, con 37 acciones ofensivas en los primeros tres meses de la tregua, según los registros del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz). Esto incluye secuestros y amenazas a comunidades.
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