
En todos los asuntos de política económica el ministro José Antonio Ocampo ha acostumbrado a ser claro y contundente. Ha tirado línea dentro del Gobierno. Esto le ha valido el título de adulto mayor, y le ha permitido desmontar a tiempo muchas fantasías fiscales de sus colegas. Sin embargo, sobre el delicado tema del costo fiscal de la reforma a la salud se ha mostrado vago y escurridizo.
Recordemos algunos episodios de este tortuoso itinerario:
Primero, en compañía de sus colegas de Agricultura, de Planeación y del descabezado ministro de Educación, produjo un documento, según el cual, la reforma de la salud –durante lo que queda de la administración Petro– costaba 90 billones de pesos. Este documento parece que generó la ira presidencial, la caída de uno de los firmantes, y el ministro Ocampo debió salir presuroso a revisar el cálculo inicial aduciendo que se trataba apenas de un estimativo provisional.
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