
El sábado conocimos la cifra de inflación de febrero (1,66 por ciento), la cual dejó la tasa interanual en el 13,28 por ciento. El dato tiene una cara optimista y otra menos feliz. Por un lado, José Antonio Ocampo aseguró que “la inflación ya tocó techo” y que desde marzo veremos “un menor ritmo de aumento de los precios”. No sabemos si es apresurado cantar victoria, pero la tregua que ofreció el rubro alimentos y el haber superado dos meses que vienen con un importante boost inflacionista, puede ser alentador.
Pero por otro lado, hay que decir que Colombia encadena muchos meses de aumentos sostenidos y que después de Argentina y Venezuela, países con una moneda destruida y que cargan con problemas inflacionarios desde hace muchos años, somos el país con mayor inflación de América Latina. A diferencia de Chile, México y otros países, nuestra moneda se ha devaluado bastante en los últimos seis meses y el gasto del Gobierno no ha acompañado el esfuerzo monetario que ha hecho el banco central.
En Colombia, la batalla contra la inflación será más larga y dolorosa que la de nuestros vecinos. Se presume que 2023 terminará entre 8-9 por ciento de inflación, una reducción de 4,5 puntos en doce meses, y que el Banco de la República podría cumplir la meta del 3 por ciento hasta 2025. Estamos vivienda crudamente esa frase que dice que “la inflación sube por el ascensor y baja por las escaleras”. Queda bastante trabajo y muchos meses más de tasas de interés restrictivas que deprimirán cada vez más la actividad. Vendrán tiempos difíciles que la bolsa y otros sectores ya están descontando. Lo peor no ha llegado.
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