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Velia Vidal
Puntos de vista

Desadaptados

El verano aplazado desde hace tres años nos regaló unas mañanas luminosas en Bahía Solano, pero la de ese lunes, anunciando quizá que los días de sol están por terminar, trajo una lluvia suave cuya caída sobre los techos no alcanzaba a opacar el sonido del mar al fondo. Eran las siete de la mañana y nos alistábamos para dejar el hostal que elegimos para descansar luego de un mes intenso dedicado a nuestra Fiesta de la Lectura, FLECHO. Estábamos en la playa El Almejal.

Mientras llegaba el transporte me acerqué a la cabaña principal a tomar un café y me sumé a la conversación y las risas de nuestro equipo de trabajo. Luego de descubrir que el café disponible estaba frío y de hacer un chiste por semejante tragedia, una mujer europea, francesa, al parecer, elevó su tono para ordenarnos silencio, con la odiosa exclamación extendida “cheeeeeest”, luego dijo que había gente durmiendo y que ella se había despertado desde las seis de la mañana porque nuestro equipo no paraba de hablar y reírse.

Respiré profundo mientras decidía si hablaba en mi pésimo inglés o en español, nada más eso, porque tenía claro que no me quedaría callada ante el irrespeto de la señora. En coherencia con lo que pretendía exigir, hablé en español, porque es el idioma local. Le dije que nos respetara, que ese era un espacio colectivo donde teníamos los mismos derechos que los demás y que esa no era la forma de callar a nadie. Me acerqué y seguí mis reclamos sobre su postura de superioridad y me dijo que no entendía español, a lo que respondí en tono airado que para irrespetar y callarnos sí sabía español, pero que ahora que le exigía respeto supuestamente no entendía nada.

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