
Expresar públicamente nuestras posiciones sobre temas controversiales, mucho más en tiempos de redes sociales, fácilmente nos convierte en foco de insultos y críticas. A mí, que desde hace un tiempo decidí hablar siempre que puedo sobre racismo, esencialmente con un propósito pedagógico, pero en una sociedad que ha negado históricamente su profundo rechazo a afros e indígenas o que lo ha disimulado de innumerables maneras, me ha tocado recibir observaciones e insultos de todos los calibres; desde quienes posan de analíticos y respetuosos para señalarme de resentida, victimista, de “racista a la inversa”, o carente e empatía o sororidad hacia las mujeres blanco mestizas, hasta quienes usan todos tipo de palabras soeces. Cabe anotar que el rechazo se exacerba y los comentarios suben de tono cuando me refiero a personas o sectores con los que seguramente piensan que no debería meterme, ignorando que mi razón para elegir referirme a una u otra cosa es la oportunidad de aprendizaje para quienes genuinamente estamos interesados en cuestionar y desmontar las manifestaciones racistas en nuestra sociedad, especialmente en el arte y sus formas de representación, los medios de comunicación, los entornos educativos y la vida cotidiana, que son los espacios asociados a mi labor como escritora, ciudadana afrocolombiana y gestora cultural, donde convivo con esto y, quizá, puedo tener alguna incidencia positiva. Jamás elijo un tema dependiendo de quién ejerza el acto racista o del ruido y consecuente visibilidad que pueda generar alrededor mío.
Uno de los comentarios más recurrentes que extrañamente mencionan como algo negativo o problemático, es que hilo delgado o muy fino, que veo cosas donde aparentemente no las hay. Los más viscerales adjudican este supuesto error al tamaño de mis ojos o los exoftalmos que me heredó la enfermedad de Graves. “Es que ve de más con esos ojos tan grandes y brotados”, dicen.
Como promotora de lectura, que intenta formar lectores para que sean capaces de comprender y ver lo que hay mucho más allá de lo literal en cualquier texto, lo que esconden las palabras o las imágenes, no puedo más que sentirme halagada cada vez que me dicen que hilo muy delgado.
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