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Gabriel Silva Luján
Puntos de vista

La revolución de la mostaza

Sé que es un poco abusivo iniciar una columna invocando mis preferencias gastronómicas. La verdad es que el desabastecimiento de mostaza Dijon ha adquirido proporciones catastróficas para quienes somos amigos de ese condimento. Muchos me acusarán de arribista, decadente y pequeñoburgués por tocar el tema. Sin embargo, antes de emitir juicio les pido paciencia para poder explicar por qué esta carencia de mostaza francesa tiene implicaciones más serias.

El origen de la desaparición de la mostaza Dijon, que ahora cobija también la salsa soya y a otros variados aderezos culinarios, es la ley 2013 de 2020 expedida por el gobierno de Iván Duque. Por no cumplir con los límites de sodio establecidos en esa norma técnicamente absurda es ahora imposible importar esos productos. Con un propósito aparentemente loable, se está coartando el derecho de las personas a cocinar como se les dé la gana. Es una prueba más de la creciente tendencia que tienen los gobiernos y los legisladores de emitir normas para impulsar sus preferencias o las ideas de grupos específicos, todo ello en detrimento de la libertad individual.

A la “ley del sodio” se le suma la decisión en la reforma tributaria de gravar a los alimentos ultraprocesados y poner un impuesto a las bebidas azucaradas. Me opuse a esta última norma por considerarla socialmente regresiva pero también por el punto que nos convoca: el síndrome del gobierno y el Congreso inmiscuyéndose en la libertad de elegir de las personas para hacerle venias a los fanáticos de la lucha contra la obesidad. La solución a los problemas de salud de los ciudadanos no está en imponer barreras, impuestos y limitaciones colectivas como hacen la norma del contenido de sal o los impuestos a la comida chatarra. Hay caminos de política pública mucho más eficientes para lograr el mismo objetivo sin restringir la libertad individual.

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