
Como la crónica de una muerte anunciada, ayer el Consejo de Estado declaró nula la elección de Carlos Hernán Rodríguez como contralor general, al encontrar irregularidades en el proceso. No es una sorpresa que se haya tomado esa decisión, la situación estaba advertida, pero el gobierno insistió en poner un contralor de bolsillo.
Muy rápido olvidó el presidente Gustavo Petro sus propias palabras, a propósito de la elección del contralor en 2018, cuando él era senador y el presidente era Iván Duque: “El que la filiación política del contralor sea la misma del gobierno, acelerará los procesos de corrupción en el Estado”. Una vez en el poder, Petro procedió a hacer todo lo que antes había criticado, es decir, todo lo que estaba a su alcance para que su candidato fuese el elegido.
Las reuniones para conformar la coalición de gobierno con los partidos tradicionales fueron aprovechadas también para negociar la Contraloría. Las cuotas burocráticas que le dieron a los liberales, La U y los conservadores lograron que Carlos Hernán Rodríguez arrasara en la votación: 94 votos en Senado y 166 en Cámara, cuando tan solo días atrás todo el apoyo lo tenía María Fernanda Rangel.
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