
Desde que tengo memoria, las áreas de frontera de Colombia han sido zonas en donde confluyen elementos contrastantes. De una parte, hay una marcada presencia de comunidades indígenas y negras, la mayoría, originarias de estas zonas, y otras desplazadas durante cientos de años de despojo territorial.
Zonas marcadas además por una exuberante biodiversidad, donde posteriormente a mediados del siglo XX, varios naturalistas y científicos colombianos, determinaron la necesidad de salvaguardarlas mediante la creación de áreas protegidas, que garantizarían, además de su riqueza natural, los servicios ambientales de los cuales depende el país en su seguridad climática.

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