
Lo que ha sucedido con los peajes es aleccionador: las medidas atolondradas y populistas se terminan pagando caro.
A comienzos de este año el Gobierno congeló los ajustes tarifarios en gran parte de los peajes nacionales. Se dijo que era para controlar la inflación y que los concesionarios serían resarcidos mediante el producido de un cobro de valorización en las regiones en las que los peajes tenían influencia. Nada de esto ocurrió. El efecto para controlar la inflación fue insignificante y las valorizaciones de donde iban a salir los fondos para compensar a los concesionarios nunca se concretaron.
Pero los costos de la medida han sido enormes. En este solo año ascienden a 800.000 millones de pesos, de los cuales apenas parcialmente están asegurados 500.000 millones en una partida que se incluyó en el presupuesto adicional. Según Fedesarrollo el costo de esta medida- si se deja prolongar indefinidamente la congelación en el tiempo- podría ascender a 13 billones de pesos: más de la mitad de lo que producirá la reforma tributaria.
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