
Hay que reconocerlo: la política seguida por la administración de Gustavo Petro sobre precios de los combustibles ha sido responsable y valiente.
Más aún, tratándose de la cacareada transición energética (el principal mantra de este Gobierno), es lo único rescatable que ha formulado hasta la fecha. Lo demás han sido anuncios huecos y retórica ignorada por los auditorios internacionales más que el diseño de políticas públicas serias y duraderas.
Si se quiere moderar el uso de los combustibles fósiles la manera inteligente de hacerlo es encareciéndolos. O sea, reduciendo su demanda como lo hacen los demás países. Y esto se llama cobrar más caro la gasolina y el diésel en el surtidor, en vez de pretender sofocar su oferta que es lo que propone Petro con cacofonía en sus discursos.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios














