
En el año de 1974, el país oyó con tristeza del desastre de Quebradablanca, un sitio a pocos kilómetros de Guayabetal, en la carretera que conduce de Bogotá a Villavicencio.
Más de 300 personas murieron, producto de un alud de tierra en un talud vertical de cientos de metros que se vino sobre filas de vehículos que estaban esperando que se abriera la vía, cubierta por deslizamientos.
La época, la misma, mitad de año, con grandes lluvias, en la parte baja del invierno de medio año. La topografía, dominada por grandes paredes de montañas con una pendiente muy fuerte, y un material de suelo superficial, tremendamente inestable, con presencia de rocas sueltas producto de su origen geológico. Grandes avalanchas, en los tiempos del último deshielo, bajaron cargadas de material que se observa en la superficie de estas paredes mal talladas por la precaria carretera donde hemos transitado en el último medio siglo.

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