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Velia Vidal
Puntos de vista

Amenazas

Largense de quibdo por que les arrebataremos sus vidas sin piedad ninguna. Plomo para ustedes. Van arriesgar la vida de las personas que creen en ustedes así será daré la orden recuerden que están identificados 1 a 1 van a caer cuídense de lo que se les bendra. Están muertos. Pueden bloquear todo lo que quieran pero algo si les dejo seguro ustedes van a sufrir cada resto de día Ban a presenciar muertes biolentas los atacaremos con petardos peor que ña bomba de gasolina les pasará tómense esto a juego que nosotros les demostramos lo contrario no se ballan a dejar cojer vivos que aparecen en el atrato en descomposición van a morir feo se los aseguro partida de tacaños e irresponsable.

Estos son solo algunos de los mensajes que recibí durante unas doce horas, mientras alistaba mi regreso a Colombia, luego de estar tres meses en el exterior. Tenían propósitos extorsivos, al principio me pedían entregar diez millones de pesos en el lapso de una semana, después lo redujeron al monto con el que me quedara fácil “colaborar”. El primer mensaje, en el que había un comunicado que contenía información personal tan específica que únicamente está registrada en uno de mis certificados de existencia y representación legal, es decir, en la Cámara de Comercio, me tomó por sorpresa cuando en Reino Unido eran las seis y media de la mañana.

Respiré profundo y traté de conservar la calma. Una hora más tarde recibí un mensaje de alguien que está en Indonesia, en el que me preguntaba si podía llamarme, inmediatamente le dije que sí, porque sentía que necesitaba, más que nada, hablar con alguien. Era la primera vez que me comunicaba con esta persona, pero le conté todo lo que me estaba pasando como si fuéramos amigos de toda la vida. Supongo que es el tipo de cosas que uno hace en estas circunstancias.

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