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Weildler Guerra
Puntos de vista

De exculpaciones y príncipes

Causa profunda repugnancia la forma en que algunos medios españoles han comunicado las circunstancias de la muerte y descuartizamiento del cirujano plástico colombiano Edwin Arrieta. Quien ha confesado su responsabilidad en la horrorosa forma de su muerte es el joven Daniel Sancho, hijo de padre famoso, blanco, “civilizado y hermoso”. Este es mostrado por la prensa como un ser desdichado cuya detención por parte de la policía tailandesa es resultado de los azarosos giros del infortunio y no del crimen que cometió y confesó.

La estrategia mediática pretende suscitar la compasión, pero esta no se dirige hacia el único ser humano que ha perdido la vida en este suceso ni hacia su familia, sino hacia quien se la ha quitado con premeditación y ha destazado su cuerpo con frialdad. Otro artilugio ha sido el de revictimizar al médico Edwin Arrieta. Con provocador descaro se busca construir una historia en la que un hombre mayor, mestizo y sudamericano, hace de un efebo su víctima, le encierra en una jaula de cristal y le desvía del recto camino de la heterosexualidad.

Para ello le amenaza incluso con acudir al poder intimidatorio del narcotráfico. ¿Como no creerlo si se trata de un colombiano que lleva en sus genes, como todos los de ese país, el germen indeleble de la violencia? Todo esto repetido hasta el cansancio en noticiarios y redes sociales busca menoscabar el prestigio, la trayectoria profesional y ciudadana de un ser valorado por sus colegas, familiares y amigos. Una persona que hoy no puede defenderse.

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