El más reciente libro del excandidato presidencial, Alejandro Gaviria, es una clara radiografía para entender la desconexión que existe dentro del gobierno de Gustavo Petro y la falta de capacidad del presidente para mostrar resultados a la sociedad colombiana.
Esta columna no es una crítica literaria o un análisis del texto titulado La explosión controlada. No. No tengo autoridad alguna para hacer eso. Simplemente es una apropiación abusiva de algunos de sus conceptos. Elementos que explican la encrucijada en la que está el gobierno por realizar grandes promesas de cambio, y ahora encontrarse en la contradicción entre las expectativas de la sociedad, y las posibilidades reales del ejercicio de gobierno.
La primera de esas ideas es la que establece que, las variables de la ecuación anteriormente descrita, nos desembocan irreversiblemente a la consecuencia del populismo. Esa enfermedad de la democracia que se genera, y se ha dado en Colombia desde varios sectores políticos, como respuesta a las expectativas frustradas de los votantes, a la incapacidad de comunicar o ejecutar medidas de cambio, o al simplismo del atajo político en donde es más eficiente prometer sin cabida alguna de realización.
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