
Hace pocas semanas el telescopio James Webb nos reveló unas nuevas fotografías del universo. Con gran nitidez y detalle divulgó un avance en la búsqueda de su origen. En 2019 mostró un agujero negro en la galaxia CEERS muy parecido al que se encuentra en el centro de la Vía Láctea y en julio de 2022 produjo una impresionante imagen del cúmulo de galaxia SMACS 0723 en la que variados puntos de luz y de colores, como si se tratara del más bello cuadro del expresionismo abstracto, traían noticias de aproximadamente 13.100 millones de años de antigüedad. La sola posibilidad de que estemos a muy poco tiempo y algunos lentes infrarrojos de poder captar el Big Bang es algo que no deja de producir emoción y asombro: podríamos ser testigos y ver en vivo y en directo el origen del universo, del mundo, de nosotros mismos.

Por eso a tantos nos causó curiosidad el signo de interrogación que aparecía flotando en el cosmos en la reciente foto del telescopio Weeb. Algunos científicos le restaron importancia y explicaron que se trataba de la alineación fortuita de dos o tres galaxias. Otros, por el contrario, expresaron su sorpresa ante esa conjunción de luces en el tiempo. A 1470 años luz de la tierra ese inmenso signo nos recuerda que estamos hechos de interrogantes y desde que sabemos que poblamos esta superficie terrestre nos hemos formulado preguntas para descifrar los misterios del pasado, los signos del presente y las posibilidades del futuro. Para eso hemos emprendido desde siempre los caminos de la comprobación científica o de los relatos a través de los grandes mitos y poemas.
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