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Juan Camilo Restrepo
Puntos de vista

La depreciación de la palabra presidencial

Todo lo que dice el jefe del Estado ha gozado siempre de credibilidad en nuestra historia política. Se le acepta o se le critica por supuesto. Pero se le ha tenido como algo que anticipa lo que serán las políticas públicas.

Con el discurso de Gustavo Petro está sucediendo lo contrario: cada vez que habla su palabra goza de menor credibilidad. Da lugar a encendidos debates que duran dos o tres días, pero luego ante la vacuidad de sus propósitos que la gente está empezando a descubrir, sus anuncios se diluyen en la nada de las discusiones ciudadanas.

Una característica frecuente de los recientes anuncios presidenciales es que acostumbran ir acompañados de gastos que se van a hacer o de imaginarios programas que se van a ejecutar. Pero rodeados unos y otros de improvisación presupuestal total. Se anuncian sin recursos que los cubran ni preparación administrativa alguna para hacer realidad los programas que salen del sombrero en cada discurso presidencial.

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