Ir al contenido principal
Federico Díaz Granados
Puntos de vista

Ardiente paciencia

Hace poco volví a ver en Netflix la película Ardiente paciencia del director Rodrigo Sepúlveda. Las extraordinarias actuaciones de Andrew Bargsted como Mario, Vivianne Dietz como Beatriz y Claudio Arredondo como Pablo Neruda recrean la celebrada novela homónima de Antonio Skármeta sobre la amistad que se teje entre el autor del Canto general y un joven cartero que tiene la misión de llevarle la correspondencia al único letrado que vive en una costa de pescadores. En mi memoria estaba grabada la bellísima versión italiana que bajo el título de Il postino conmovió a muchos espectadores en el mundo con la vibrante actuación del comediante Massimo Troisi quien murió poco antes de culminar el rodaje. De igual forma, bajo la dirección del mismo Skármeta, en 1983 se rodó en Portugal una primera versión de esta novela que con el tiempo se ha ido convirtiendo en una de las fábulas más intensas y conmovedoras sobre el poeta. “La poesía no es de quien la escribe sino de quien la necesita” le dice el Mario Jiménez o Mario Ruopollo a Neruda en una discusión sobre el robo que este humilde cartero hizo de sus poemas para conquistar a Beatriz, la hija de la dueña de la hostería.

Como buen maratonista de series y películas seguí las sugerencias que arrojaba el algoritmo y continué en modo nerudiano y después de varios años repetí la polémica cinta Neruda de Pablo Larraín protagonizada por Luis Gnecco y el gran Gael García Bernal sobre las aventuras y desventuras del poeta al cruzar la frontera por la cordillera de los Andes para huir de la persecución que había ordenado el presidente Gabriel González Videla. A su vez, me cambié de plataforma para ver la película también llamada Neruda dirigida por Manuel Basoalto sobre el mismo escape y seguimiento que bien narra el poeta en su discurso de recepción del Premio Nobel de Literatura en 1971 que termina precisamente, luego de citar a Rimbaud, “solo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano”.

Eso dijo Neruda en 1971, en la cumbre de su gloria cuando los reflectores del mundo estaban en Estocolmo. Era un premio anunciado y aplazado durante muchos años que lograba su recompensa en momentos en los que el poeta es el embajador en Francia del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende. Para algunos biógrafos el motivo de su nombramiento en Francia tenía como objetivo estar más cerca de la Academia de Letras de Suecia desde un lobby gubernamental para acelerar su otorgamiento pues muchas cosas podían ocurrir con el gobierno socialista que ya para esos días estaba frágil y con rumores de un golpe de estado. La Academia se había pronunciado: “por una poesía que con la acción de una fuerza elemental da vida al destino y los sueños de un continente”.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales