
La estanflación es una situación económica en la que coinciden tres problemas: inflación alta, crecimiento bajo y desempleo elevado. Lamentablemente este nocivo fenómeno sucederá (y ya se está comenzando a ver) en Colombia en los próximos meses.
La inflación ha cedido un poco en los pasados cinco meses pero aún supera el 11 por ciento y para fines de año se estima que estará alrededor del 9 por ciento (el triple del nivel aceptable). El desempleo se ha reducido a un dígito pero lo más probable es que por la desaceleración económica suba de nuevo por encima del 10 por ciento. Y el crecimiento anualizado del PIB este trimestre será cercano al 0 por ciento, con proyección de apenas 1.0-1.5 por ciento en 2024.
Son múltiples las causas que nos conducen a la estanflación. En materia del costo de vida bien es sabido que los principales culpables son la guerra en Ucrania –que ha producido alzas en la energía y algunos alimentos, las dificultades climáticas- que han perjudicado la producción en los campos, y los graves daños en infraestructura clave -que han encarecido el transporte. En cuanto al desempleo, Colombia no está generando suficientes puestos de trabajo, especialmente en el sector privado (la mayoría de los nuevos son en el sector público y en autoempleo). Esta grave falla en el mundo laboral obedece a que no hay inversión cuantiosa (pública y privada, nacional y extranjera) que sea la fuente de los empleos que necesitan más de 2,4 millones de ciudadanos. El actual bajo nivel de la inversión (la pública está al 60 por ciento de la registrada antes de la pandemia, y la privada está semiparalizada por la incertidumbre originada en las reformas) explica parte de la desaceleración actual pero sobre todo tendrá sus peores consecuencias en los años venideros.
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