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Yezid Arteta Dávila
Puntos de vista

La seguridad como demagogia

Ahora vuelvo, dijo Ito a su abuela. Volvió días después dentro de un ataúd. Ito mató, y lo mataron. Mató el pasado 9 de agosto a Fernando Villavicencio, candidato a la Presidencia de Ecuador. Ito, como lo apodaban en una barriada de Cali, ejecutó un asesinato político en un país que no era el suyo. La globalización y el modelo de franquicias opera tanto para la venta de hamburguesas como para los negocios en los bajos fondos.

Desde el río Grande hasta la Patagonia la criminalidad se ha incrementado. La violencia ha irrumpido en lugares en los que se vivía a la manera de una novela pastoril. En el sitio más inesperado salta una liebre que viene por ti. La vida tranquila se ha convertido en un lujo que sólo lo pueden pagar unos pocos. La vivienda se ha transformado en una especie de prisión de alta seguridad protegida por serpentinas electrificadas y cámaras que registran hasta el vuelo de un zancudo. El sicariato funciona en Latinoamérica similar a un modelo de negocios. Una aplicación más. El pistolero, como un repartidor de Rappi o Glovo, llega hasta el domicilio de su víctima para entregar el aterrador pedido.

Europa Occidental, temiendo al fantasma del comunismo, construyó un modelo de sociedad en el que primara el bienestar no sólo para los capitalistas sino también para los trabajadores. La clase obrera tenía un buen salario, vacaciones pagadas, cobertura educativa y sanitaria gratuita, amén de un tiempo de ocio para salir a beber cerveza, comprar en las tiendas de ropa, sacar a mear al perro, drogarse o ir hasta el estadio para ver cómo goleaban a su equipo del alma. Una vida aceptable en la que no había necesidad de salir a la calle a robar para comer. Las armas de fuego no están en las manos de los ciudadanos sino en las de los ejércitos. Los cuchillos en las cocinas. Las cosas están cambiando en Europa, pero esto lo miramos en otra columna.

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