
Había la esperanza de que el nuevo ministro de Minas y Energía corrigiera las insensateces energéticas que caracterizaron a su antecesora. No ha sido así, sin embargo. Con un lenguaje quizás más técnico, pero no menos impreciso, sigue repitiendo las mismas desorientadoras ideas de la doctora Irene Vélez. O aún peores.
En la semana que acaba de transcurrir, el ministro tuvo dos sonadas reuniones en Cartagena y Santa Marta, haciendo un llamado a las comunidades populares usuarias de energía eléctrica en las que lanzó ideas francamente ligeras y extraviadas.
La más sorprendente fue la acusación –desde luego sin fundamento alguno- que las empresas privadas que participan en la cadena del sector se estaban “quedando” (tal fue la expresión que utilizó) con los subsidios que se dirigen a los usuarios de los estratos más débiles de la población y que son financiados a través de subsidios cruzados que se imponen a los estratos 4 y 5, lo mismo que a los usuarios industriales y comerciales que se completan con transferencias presupuestales.
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