
No puede ser que un sector aplauda y se emocione cuando alguien cercano o cercana anuncie que se lanza a un cargo de elección popular pero no tolere que lo haga quien no
represente su posición política. La democracia la debemos defender aún cuando tengamos que soportar campañas de personas que no sean quienes defienden nuestras ideas.
Después de la larga noche para las instituciones democráticas que significó el Frente Nacional, Colombia se convirtió en un país en el que se pueden encontrar, dentro de un mismo tarjetón, candidaturas que van desde desmovilizados guerrilleros hasta líderes de iglesias cristianas y una amplia oferta de posiciones ideológicas.
La semana pasada, la señora Vicky Dávila, una figura pública, anunció su candidatura presidencial. Por supuesto no fue una novedad. Muchas voces venían anunciando su
posible candidatura. Frustra, eso sí, que fuese la directora de un medio de comunicación que fue quizá el de mayor relevancia e incidencia hasta hace unos años. Molesto para la profesión del periodismo, porque uno de sus pilares fundamentales debe ser la transparencia.
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