
La elección del nuevo magistrado de la Corte Constitucional fue una absoluta vergüenza. Todo el papelón empezó con la aparición de 103 votos en el Senado, cuando solo había 102 senadores presentes. Es decir, un “honorable” senador depositó un voto de más. El resultado: un empate de 50 votos para Claudia Dangond y 50 votos para Miguel Efraín Polo. En vez de verificar el asunto, para que el país pueda saber quién fue el senador corrupto que votó doble, y repetir la votación, las directivas del Senado decidieron aplazar el tema por un día, con todas las implicaciones en la legitimidad del proceso que eso tiene. Muchos ahora están acusando a alguien cercano al gobierno de haber entorpecido el proceso, pues al día siguiente las cosas cambiaron, ya que Miguel Polo fue elegido con 57 votos frente a 47 que obtuvo la profesora Dangond. No les falta razón, pues algo tiene que haber pasado; posiblemente algo les tuvieron que haber ofrecido, para que 3 senadores cambiaran de opinión en tan poco tiempo. Todo huele bastante raro.
Todo este bochornoso episodio se habría podido evitar con una simple cosa: que los votos de los senadores no sean secretos. No se entiende por qué, en lugar de ser una elección pública y transparente, no se sabe quién votó por quién. Si los senadores nos están representado, parte de la forma de exigirles, y de que estos rindan cuentas, es teniendo conocimiento de sus votos y decisiones. Solo conociendo lo que hacen, es que podemos castigarlos si no estamos de acuerdo o volver a votar por ellos si nos parece que lo están haciendo bien. Sin embargo, a hoy es difícil saber quién fue el senador que hizo trampa, e imposible conocer quiénes cambiaron de parecer y por quién voto cada uno de los miembros de la cámara alta del Congreso.
Todas estas irregularidades van a dar pie a distintas demandas que afectan la legitimidad del nuevo miembro de la Corte, y eventualmente de esta, que ha sido y sigue siendo la institución que ha frenado los abusos de poder y hacer que la democracia en Colombia, aunque imperfecta, siga existiendo. Y también les da argumentos a quienes se oponían a la elección de Polo, por considerarlo cercano al gobierno, para cuestionar su imparcialidad.
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