
Gisele Pelicot tenía una familia perfecta. Cincuenta años de matrimonio, hijos y nietos. Pero un día llegó la Policía y le contó la verdad. Su esposo, Dominique, la drogaba sistemáticamente y la violaba, y además invitaba a otros hombres a que hicieran lo propio y grababa esos encuentros.
En total fueron 51 hombres los acusados de haberla violado. Un periodista, un enfermero, bomberos, camioneros y comerciantes. De ellos, sólo 15 se declararon culpables. El resto esgrimió argumentos tan paupérrimos como cobardes. Uno dijo que hubo “violación de cuerpo pero no de mente” y otro fue más allá y afirmó que había sido una “violación accidental”.
Gisele Pelicot se enfrentó a todos ellos con valentía y determinación. Permitió que su juicio fuera público y que los videos aterradores que grabó su marido fueran vistos por los asistentes y la prensa. Mientras el juicio ocurría, su familia se desmoronó. Su hijo se divorció, su hija tuvo que entrar a un hospital psiquiátrico y ahora se preguntan si el monstruo ese que era su padre también los violó a ellos, a sus parejas y a los nietos.
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