
Uno quisiera que los funcionarios del Gobierno Petro hubieran gobernado sin necesidad de pagar coimas ni peajes como lo hacían otros gobiernos y que al Estado hubiesen llegado nuevas élites de izquierda, a gobernar el país pensando en el cambio y no en sus billeteras. Pero no se pudo.
Uno hubiera querido que este gobierno no repitiera la historia de saqueo al Estado y que los funcionarios nombrados por Petro en la Unidad de Gestión de Riesgo no se hubieran robado la plata de las emergencias y los desastres naturales, como se la robaron en los tiempos de Iván Duque. Pero tampoco se pudo.
Uno habría querido ver a los hijos varones del presidente Petro sustraídos de la hoguera del poder como lo ha hecho Sofía, para que hicieran la diferencia y demostraran que en este gobierno la ética del poder es otra y que en un gobierno de izquierda, los hijos del presidente no iban a utilizar el poder para enriquecerse. Es decir, que no iba a suceder lo de Tomás y Jerónimo Uribe, que usaron el poder y la información privilegiada que les llegaba para hacer negocios y convertirse en grandes empresarios de la noche a la mañana. Pero no se pudo.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios














