
La visión de largo plazo de Steve Jobs y la audacia del general Patton ofrecen valiosas lecciones para emprendedores y empresarios ante el difícil reto de delegar y formar equipos de trabajo.
En el silencio de un aula que ha visto pasar innumerables epifanías y desilusiones, un hombre de estatura intelectual inmensurable y que cambió el mundo, se detiene a reflexionar. Con la barba y cabello oscuro pulcramente arreglados y una indumentaria que desafía el estereotipo ejecutivo, Steve Jobs en la universidad MIT, en el año de 1992, se convirtió en la imagen viva de la reflexión. Un miembro de la audiencia le preguntó qué era lo más importante que había aprendido en Apple y que estaba aplicando en Next, y él, en un gesto de humildad y profundidad, tomó cerca de 20 segundos para responder. No fue una pausa vacía; era el espacio donde la sabiduría tomó aliento antes de pronunciarse (1).
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