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Federico Díaz Granados
Puntos de vista

Memorias y telenovelas

Muchos de los que crecimos en la década de los setenta y los ochenta le debemos gran parte de nuestra educación sentimental y de nuestro acercamiento al mundo a la televisión y a todos sus productos de la época. Para la generación de nuestros padres fue mucho más importante y cercana la radio, pero, sin duda, a través de esa cajita de imágenes, primero en blanco y negro y luego a color, nos asomamos a un universo insospechado de entretenimiento y de identidad que hace parte ya de nuestros arquetipos culturales.

Recuerdo bien que había tres cadenas que se sintonizaban en los canales siete, nueve y once respectivamente. El canal once era educativo y cultural. A veces transmitían por allí, en diferido, partidos de la Bundesliga y el clásico concurso Telematch que producían la cadena TransTel (hoy parte de la Deustche Welle). El resto de la parrilla se llenaba con programas como Educadores de hombres nuevos, Consultorio jurídico y algunos noticieros internacionales. Al finalizar la programación, al igual que en los otros dos canales, unas franjas verticales de colores cubrían la pantalla.

El primer televisor a color que llegó a mi casa fue para los días del mundial España 82 y así pude ver a color los tres goles de Paolo Rossi a la selección Brasil de Zico y la final entre Italia y Alemania en el estadio Santiago Bernabéu en el que se enfocaba en una de las tribunas una pancarta que decía “Nos vemos en Colombia 86”. Al final no hubo Colombia 86 y nos quedamos con las ganas de ver a Cafeterito como mascota y los grandes del mundo en nuestras canchas. Los mundiales de fútbol y los juegos olímpicos eran el mejor pretexto para cambiar y renovar los televisores y así, a color, crecí viendo los conocidos “enlatados” gringos que tanto marcaron el carácter de algunos de mis contemporáneos: Profesión peligro, Los Magníficos, Los Duques de Hazard, Hawaii 5-0, Falcon Crest, el Hombre increíble, entre otros. Sin embargo, a pesar de la hora de transmisión los domingos a las 10:00 p.m. ver Dinastía con Joan Collins, John Forsythe y Linda Evans, era todo un desafío para los niños que debíamos madrugar el lunes para ir a los colegios. Las programadoras Punch, Caracol, RTI, Datos y Mensajes, Promec, JES, Cenpro, Audiovisuales, entre otros competían por los contenidos no solo de los enlatados, las comedias mexicanas como Chespirito y La carabina de Ambrosio (donde aparecía un personaje que interpretaba al escritor Juan José Arreola), las telenovelas también mexicanas, venezolanas y brasileras, sino por las producciones nacionales.

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