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Iván Serrano
Puntos de vista

Remedios y enfermedades

La hemodiálisis es un procedimiento vital para aquellos que luchan contra la insuficiencia renal. Representa una tabla de salvación para muchos, pero también implica un viaje plagado de riesgos y complejidades. Los pacientes deben enfrentarse periódicamente a una serie de desafíos físicos y emocionales que requieren valor y entereza.

La presión arterial baja, los calambres musculares y la picazón en la piel son algunas de las dificultades que pueden surgir durante o después de una sesión de hemodiálisis. Estos síntomas, aunque comunes, pueden ser difíciles de manejar y suelen afectar la calidad de vida de quienes dependen de este tratamiento para sobrevivir. Además de estos desafíos físicos, la hemodiálisis también puede tener un impacto significativo en el bienestar emocional de los pacientes. La depresión y la ansiedad son compañeras frecuentes en este viaje.

La hemodiálisis es un tratamiento costoso; una unidad renal puede cobrar entre 2.300.000 y 3.500.000 millones mensuales por paciente. En ciudades pequeñas, donde hay un solo operador, las tarifas pueden llegar a 6.000.000. El tratamiento de la enfermedad renal crónica consume cerca del 48 por ciento de los recursos destinados en el país para atender enfermedades de alto costo. Tratar pacientes con enfermedad renal crónica también deja espectaculares dividendos a los operadores, más aún si reciben un trato preferencial por parte de actores estatales.

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