
Es muy grave lo que está pasando con el actual curso concurso para seleccionar a las personas que van a ser jueces o magistrados de los tribunales en Colombia. El último concurso que se realizó de este tipo finalizó en 2018, es decir, hace seis años. El actual, en donde se han presentado múltiples irregularidades y que se inició en 2018 con un examen que terminó anulándose por problemas con las preguntas y las calificaciones, lleva más de cinco años sin que haya finalizado.
Esos concursos, en donde los aspirantes tienen que pasar distintos exámenes y realizar un curso de formación judicial, buscan seleccionar a las personas más aptas y preparadas para administrar la justicia de este país. Gracias a estos procesos, a ser jueces llegan personas por su preparación y méritos y no por palancas o porque alguien los puso en ese lugar. De ahí su importancia.
El no tener estas listas de jueces que resultan de ese concurso, hace que las vacantes judiciales se llenen, no con jueces o magistrados en propiedad, sino en provisionalidad. Y los puestos provisionales son nombrados a dedo por los magistrados de la Corte Suprema, del Consejo de Estado o de los distintos tribunales del país y no por el mérito de los candidatos. La justicia, por tanto, no termina en manos de jueces preparados, sino de personas que solo cumplen con los requisitos mínimos para ser juez, así no hayan tomado un curso para hacerlo o estén dentro de la carrera judicial. Además, quien obtiene el puesto lo logra por una decisión discrecional del que lo nomina y nombra y no por un sistema basado en méritos.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios










